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(0) 07/11/2016 07:37h

Diferencias culturales en acción: Qué no hacer en Japón

Tokyo

Todos hemos escuchado en multitud de ocasiones que existen diferencias culturales de un país a otro, y somos conscientes de que éstas pueden ser vitales para la consecución de una comunicación efectiva. Sin embargo, tendemos a sobreestimar nuestras capacidades, basándonos en tópicos popularmente extendidos a través de películas o programas de televisión, que nos hacen pensar que sabremos defendernos sin problemas cuando visitemos un país extranjero; nada más lejos de la realidad.
 
Esto es extraño, puesto que los españoles tenemos muy claro que generalmente no nos vamos a torear ni a bailar flamenco todos los días, ni mucho menos acostumbramos a llevar sombreros de mariachi, como algunos turistas se empeñan en pensar.
 
En este artículo vamos a explorar ciertas diferencias culturales poco conocidas que nos separan del país nipón; un claro ejemplo de que sabemos menos de lo que nos imaginamos:

Para empezar, si viajamos al extranjero - ya sea por placer o por negocios - tendemos a utilizar rituales que son muy habituales para nosotros, pero no siempre para los locales. Al saludar a alguien, solemos dar la mano, o incluso damos besos y abrazos; sin embargo, si esto se lo haces a un japonés, se quedará pálido, e incluso podría pensar que eres una persona pervertida, ya que ellos se saludan con una pequeña reverencia, y el contacto físico en público está mal visto, lo consideran algo con alta carga sexual.

Flores

Otro error que podríamos cometer es dar un regalo por simple cordialidad al visitar a alguien o sin ningún motivo en particular, ya que se quedarán descolocados intentando adivinar nuestras intenciones, y sentirán la necesidad de regalar algo a cambio, intentando acertar con el precio exacto del primer regalo.

Por otro lado, no hablemos de regalarles algún manjar de nuestro lugar de origen, como un buen queso o un jamón carísimo, ya que no soportan la comida con algún tipo de olor perceptible – la mayoría de su comida es prácticamente inodora -, ni tampoco les gustarán nuestros dulces locales, ya que los considerarán demasiado dulces en comparación a los suyos.
 
Sin embargo, serán incapaces de negarse a comer lo que les ofrezcamos, por pura educación, y fingirán que les gusta aunque les provoque arcadas.

Puntualidad japonesa

Una diferencia cultural algo más conocida es la tremenda puntualidad japonesa. Se trata de un país que se rige muchísimo por la disciplina y por la administración del tiempo. Naturalmente, esto se aplica a lo laboral, siendo la puntualidad algo indispensable si se pretende conservar el trabajo. Lo curioso es que esto también se aplica a la vida social. Para los japoneses es inconcebible que les propongas quedar el mismo día, o incluso al día siguiente, ya que tienen una agenda estrictamente programada. Semejante tipo de propuesta es una ofensa para ellos, ya que no estás teniendo en cuenta su conveniencia. Por lo tanto, si por alguna razón de peso mayor te vas a retrasar, más vale que lo avises con días de antelación, o lo único que obtendrás serán caras largas durante el resto del día. 

Para ellos, escuchar expresiones como “ahora llego”, “ya estoy” o “estoy al caer” les dejaría desorientados, ya que solo entenderían el significado literal de estas frases. En cambio, a modo de ejemplo, a las mujeres surcoreanas les gusta llegar tarde a sus citas adrede, por lo que vemos que meter países diferentes en el mismo saco en materia cultural es peligroso.

Diferencias culturales en acción: Qué no hacer en Japón

Otra cosa que a nosotros nos parece muy común y educada, como llamar a alguien para preguntarle qué tal está y charlar un poco, a ellos les inquieta, puesto que consideran que la llamada tiene que tener algún objetivo en particular que les estamos ocultando.

Diferencias culturales en acción: Qué no hacer en Japón

En nuestro papel de viajeros nos suele entrar curiosidad por la sociedad y la actualidad del país que visitamos, pero intentar hablar de ello con un japonés aleatorio puede ser un error, ya que por lo general no sienten interés por ese tipo de temas, y su sistema educativo les tiene acostumbrados a memorizar a corto plazo, por lo que ni ellos mismos saben qué decir cuando les preguntamos cosas sobre su país – ya sea economía, política, etc -, ya que no son temas que se suelan tratar de forma habitual. Incluso asisten a muchos rituales con tradiciones ancestrales, las cuales a menudo desconocen totalmente, dado que les han educado siempre desde la tradición, pero sin darle importancia a la razón. Se guían por rituales, pero no reflexionan por qué, sino que los reproducen por repetición, ya que en su sociedad es lo que importa.

Desde fuera consideramos a los japoneses como seres extremadamente inteligentes, pero ellos mismos reconocen en ocasiones que los éxitos de grandes marcas como Toyota o Sony se deben más a la disciplina que a la inteligencia como tal, y por desgracia la mayoría de ellos no llega a retener demasiados conocimientos de cultura general o actualidad – ya sea nacional o internacional. Es por ello que hacer preguntas demasiado complejas en esos temas les podría meter en un apuro, y podrían sentirse en evidencia.

Tokyo

Otro detalle en el que discrepamos con los nipones es que a los occidentales nos suele gustar llevar perfumes o colonias llamativas, pero a ellos les hacen pensar que ocultamos algo; ya sea que olemos mal por naturaleza o que pretendemos destacar a nuestro paso, ya que ellos suelen utilizar aromas mucho más suaves – si es que los utilizan.
 
Por otro lado, el nivel de limpieza que predomina en la vía pública es absoluto, y se escandalizarán si nos ven tirar un papel o una colilla al suelo.

Lo que nosotros llamamos “ir al grano” o “ser directos”, ellos lo llaman “falta de tacto”, con lo que una opinión sincera puede ofenderles y hacer parecer que no les respetamos. Es por ello por lo que ellos al hablar - ya sea en contexto laboral, social o amoroso – dan muchísimos rodeos y usan una gran cantidad de sinónimos, eligiendo cuidadosamente sus palabras cada vez que hablan para evitar ofender al interlocutor.  Por lo tanto, debemos ser cautos con cómo decimos las cosas para que no malinterpreten nuestras intenciones.

Diferencias culturales en acción: Qué no hacer en Japón

En lo que respecta a cualquier tipo de restaurante en Japón, pese a que nos pueda parecer contraintuitivo, dejar propina también es una ofensa, ya que consideran que el valor de la comida y el servicio ya se ven reflejados en el precio que aparece en la carta, por lo que una propina sería algo similar a una limosna. También en relación a la disciplina y a lo sistematizado que lo tienen todo, les resulta chocante que les pidamos que cambien algo del menú, incluso si es pedir la hamburguesa que queremos sin pepinillo, ya que les rompe el protocolo que tienen preestablecido, y no cuentan con ese tipo de cambios. 

Diferencias culturales en acción: Qué no hacer en Japón

Por último, si analizamos más a fondo su forma de pensar, veremos que por lo general se consideran a sí mismos como un pequeño engranaje de un gran sistema, con la autoestima generalmente baja y con la creencia de que destacar – tanto por lo malo como por lo bueno - es negativo, al igual que opinar, con lo que evitan ofrecer la más mínima aportación personal en general. Consideran que expresar la opinión propia es un hábito negativo que representa una queja que te hace parecer vago o débil en fuerza de voluntad y que cuestiona la jerarquía; muy importante para ellos.

Como podemos ver, existe multitud de maneras en las que podemos chocar culturalmente cuando nos embarcamos en un viaje de placer o de negocios sin conocer bien la cultura de nuestro país de destino, resultando crítica en el último caso. En una reunión de negocios, o sobre todo cuando somos expatriados y emprendemos una nueva etapa personal y laboral en el extranjero, nuestra capacidad de manejo de las diferencias culturales se torna de vital importancia, pudiendo suponer la diferencia entre el éxito y el fracaso. Esto no se reduce a Japón, puesto que hay países en los que asentir con la cabeza es decir “no” y negar con la cabeza es decir “sí”; y otros en los que levantar un pulgar a modo de “OK” supone un insulto terrible. Naturalmente, esto es tan solo la punta del iceberg.

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